La seño Sere

Testimonio compartido

Por un SÍ A LA VIDA

Prologo

Estimado lector, permítame entretener su atención con algunas consideraciones respecto al origen y al tenor del relato que conforma las páginas siguientes.

La imaginación siempre realiza sus construcciones a partir de algún tipo de realidad, sólo que, por las razones que en cada caso lo justifiquen, un escrito puede acercarse más o menos a los hechos a partir de los cuales se engendraron. Todo relato apela al recuerdo y el recuerdo como la misma percepción que le dio origen es selectivo. La misma noción de “hecho” implica ya una concepción moral, una visión de la vida y de sus aconteceres a partir de lo cual unos aspectos se resaltan mientras otros tienden a difuminarse como en el trasfondo o en los márgenes del principio de unidad en virtud de la mirada personal desde la cual surgen las consideraciones. Siempre un ideal focaliza la atención de quien pone a disposición de sus semejantes lo que ha logrado articular mediante ese humano ejercicio que implica el hacer presente el pasado empeñándose por un futuro posible según los principios de la libertad humana.

El contenido de este testimonio no es ficción si por ficción se entiende un engendro de la imaginación más escorado hacia el linde de la fantasía que apoyado sobre los datos de la realidad. La seño Sere es el resultado de la conjunción de unas experiencias de vida. Las vidas de dos mujeres distantes en el tiempo y en el espacio pero concordantes en su itinerario y en su resolución. Experiencias fundamentalmente armónicas no sólo en vicisitudes similares sino también rescatadas desde una misma vocación, desde una misma esperanza, desde una misma impronta de agradecimiento a la vida y amor a los semejantes a pesar de los padecimientos que constituyen los hitos que desde tal clave son rescatados por el corazón.

La primera experiencia nos fue compartida por Lola, una valenciana a punto de jubilarse. A diez años y catorce mil kilómetros de distancia, una joven a poco de iniciar el camino docente del cual Lola en aquel entonces se despedía, tuvo la amabilidad de hacernos partícipes por escrito, no sólo del nombre, sino de los principales hechos y expresiones que constituyen el relato.  Como hebras que se venían tejiendo desde ese antes del ahora en que asoma en el horizonte su boceto, el testimonio tiene que ver con ese destino que carga de luz ciertos mojones en el sendero, hacia adelante y hacia atrás, porque la vida es una como uno es el tiempo de la existencia desde la eternidad que nos espera.

La seño Sere es una persona real, una mamá maestra empeñada en reconstruir el telar de nuestra Patria desde el relativo anonimato de una escuela rural, “entregada a la labranza de almas en la inmensidad de este edén que nos ha sido regalado como escenario de nuestras vidas” según ella misma lo expresa.

Sobre las tablas se despliega el argumento, respecto del cual nuestra función de presentadores no pretende otra cosa que manifestar el cordial agradecimiento a esa voluntad de amor en la verdad y de verdad en el amor que inspira a quienes habiendo cursado tales sendas tienen el valor de mostrarnos su derrotero sin otro fin que el bien que por experiencia y Gracia saben posible.

A los pies de la Cruz del Pan de azúcar, mayo del 2010

JGR

→ nadie llega solo a ningún lugar

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